MEMORIAS | Interseccionalidad: unos lentes para ver y comprender lo que somos

Actualizado: 28 sept

Memorias Parche Maestro 2022

Texto síntesis de las diferentes actividades del Encuentro Interseccionalidad del Parche Maestro 2022.

Escrito por: María Andrea Kronfly



En Parche Maestro consideramos que la interseccionalidad es un enfoque que nos ayuda a nivelar brechas para construir una escuela en la que todos los niños y las niñas encuentren su lugar. En la cuarta edición de la escuela de verano pudimos escuchar diversas reflexiones, ideas y algunas propuestas para llevar este concepto a la práctica. Encuentra aquí un resumen de nuestras conversaciones.


Imaginemos que un día, cuando ya ha comenzado el año escolar, llega al aula una nueva alumna que apenas vamos a conocer. Queremos saber algo más de ella y en la conversación nos damos cuenta de que llegó hace poco de un pueblo del Chocó, del cual fue desplazada con su familia por un grupo armado ilegal. Dejó de asistir a la escuela, es la mayor de cinco hermanos, sus papás viven del rebusque, su casa está lejos de la nueva escuela. Esto es un poco de su historia de vida y además son datos que, como maestros y maestras, nos permiten comprender los múltiples factores sociales, económicos, emocionales, entre otros, que confluyen en ella. Factores que no la definen, pero que sí construyen su identidad: es una niña afrodescendiente, víctima del conflicto armado, que vive en condiciones de pobreza, que vio cortado su proceso de aprendizaje y necesita adaptarse a un nuevo ambiente de vida, necesita ser acogida por la escuela.


Tratando de hacer una síntesis, de esto se trata el concepto de interseccionalidad: de comprender las múltiples diversidades que convergen en una sola persona, los caminos que se cruzan en ella y que pueden ser, en muchos casos, causas múltiples de exclusión y desigualdad. No es que la interseccionalidad se trate de una sumatoria de desgracias -como bien señaló Julieth Taborda, de Proantioquia-, sino de una manera de mirar y hacernos preguntas que quizás antes no nos habíamos hecho. “Las preguntas incómodas”, como las calificó Óscar Marín, profesor de la Universidad de Antioquia, invitado a Parche Maestro 2022.


En palabras de Felipe Aramburo, de Proantioquia, “en Parche Maestro reivindicamos la labor privilegiada que tiene la escuela para ser un espacio de inclusión, de formación de ciudadanía y participación. Estamos convencidos de que cualquier cambio social permanente que quiera hacerse en el país debe pasar por la escuela como esa institución para lo universal. Y tiene que pasar, desde luego, por los maestros y las maestras como grandes líderes del saber pedagógico y de la integración comunitaria e instalación de una nueva ciudadanía”.

Para cumplir este rol es necesario que tengamos una idea más clara de lo que significa el concepto de interseccionalidad, cuáles son los retos que nos plantea en la escuela y cómo podemos incorporarlo en la cotidianidad de nuestras aulas.


Relatoría gráfica - Interseccionalidad
Relatoría gráfica - Interseccionalidad


Interseccionalidad: un cruce de caminos

Interseccionalidad es un concepto que acuñó en la década de 1980 la abogada afroamericana Kimberlé Crenshaw para explicar cómo las mujeres afro de los Estados Unidos eran discriminadas no solamente por su condición racial, sino también por ser mujeres y, en muchos casos, además, por ser pobres y/o tener alguna discapacidad. Es decir, para mostrar que ellas personificaban la intersección de múltiples formas de discriminación en su sociedad.


Cuando hablamos de interseccionalidad, necesariamente hablamos también de identidad, diversidad, multiculturalidad y pluralidad, conceptos que se viven permanentemente en la escuela y que marcan nuestro accionar como docentes. “Siempre ha existido la multiculturalidad -nos dijo Roser Bertrán, de la Fundación Kreanta-. El problema es que todavía hay muchas escuelas que creen en homogeneizar a las personas, en hacer una cultura única, y este es el gran reto que tenemos. Es imposible, en pleno siglo XXI, no entender que vivimos en una sociedad diversa, compleja, global, que se mueve. La escuela no puede ser ajena a esta realidad”.


Si comprendemos, entonces, que “la identidad es un cruce de caminos”, como nos dijo Hilda Mar Rodríguez, docente de la Universidad de Antioquia, nos disponemos a responder su pregunta: “¿cómo pasamos del discurso a un conjunto de acciones que, efectivamente, hagan sentir a cada niño y a cada niña que en las aulas de clase se reconocen las múltiples identidades por las que están cruzados?”

Antes de responder cómo hacerlo, necesitamos reconocer los obstáculos y retos que tenemos para hacer de la escuela un escenario de inclusión. En las conversaciones de Parche Maestro 2022 vimos cómo algunos de estos retos están relacionados específicamente con el sistema educativo y hay otros que están instalados en nuestra cultura y, por lo tanto, son más difíciles de reconocer y de superar.


Comencemos por el entorno educativo. “Voy a hablar de un solo factor, aunque pueden existir muchos: el desconocimiento del otro -nos dijo Melissa Álvarez, Responsable de Primera Infancia y colegios Cosmo Schools de Comfama en Antioquia-. No saber más allá de lo que pasa en el aula con el niño, cuál es su historia, qué ha pasado en su hogar, de dónde viene, quién es su familia, qué ha ocurrido en otros contextos, posiblemente nos va a impedir saber que en ese niño no converge solamente un factor, sino diferentes factores” para acompañarlo en el aula de manera que se puedan disminuir las brechas de inequidad que lo afectan.


“Hay un reto importante de trabajo con las familias -nos dijo Óscar Marín-. La familia es ese primer actor que socializa a las personas en todos los asuntos y creo que es necesario que la escuela pueda acompañar más procesos de familia, que esa escuela de padres y de madres, y de cuidadores y cuidadoras, permita generar preguntas por asuntos que tienen que ver con las desigualdades profundas. Y tenemos otro reto gigantesco: acercarnos a los maestros y a las maestras para que tengan más herramientas para generar conversaciones sobre estos asuntos”.


Por su parte, Helena Hernández, del Insor, anotó un reto importante que trasciende el entorno educativo: “Percibir las perspectivas de la diversidad como un camino posible para comprender a los seres humanos y a la sociedad desde la complejidad, que es diferente a la complicación. Distanciarnos de esas lógicas de la uniformidad, de la invisibilización, de la homogeneidad, que desconocen lo original y lo creativo de la naturaleza”. Además, nos hizo un llamado: “Que la escuela reclame su rol. Para qué existe: ¿para cuidar a los niños y las niñas mientras los papás trabajan? ¿Para descubrir los talentos? ¿Para acompañar procesos de desarrollo, de pensamiento crítico, del ejercicio de los derechos?”

Estas podrían ser algunas de las preguntas incómodas de las que hablábamos al principio. Y vienen algunas más que están relacionadas con juicios y actitudes que hemos normalizado como sociedad y nos han llevado a desarrollar prácticas discriminatorias en las aulas que, muchas veces, pasan desapercibidas.


Elizabeth Castillo, investigadora y profesora del Departamento de Estudios Interculturales y del Programa de Etnoeducación de la Universidad del Cauca, señaló una realidad tan dura como cierta: “El racismo es una experiencia histórica que nos ha hecho muchísimo daño y la escuela no puede seguir de espaldas a este análisis. [Los docentes] Nos educamos, nos formamos, en instituciones y en experiencias societales en donde nos enseñan el racismo desde muy temprano. [...] ¿Por qué sabemos quién es Piaget y no sabemos quién es Juan de Dios Mosquera? Eso se llama racismo epistémico, que es muy complicado porque es el que produce un conocimiento oficial y unas verdades que privilegian a unos niños, una idea de niñez, y no a otros. Y entonces, las maestras de Guapi se tienen que aprender de memoria a Piaget, pero no tienen ni idea de quién es Manuel Zapata Olivella”.


El llamado es, pues, a mirarnos a nosotros mismos y a preguntarnos sobre la forma como nos relacionamos con la diversidad: “Antes de que podamos hablar de interseccionalidad, tenemos que reflexionar sobre nuestro propio yo y nuestra propia práctica docente. De nada sirve que tengamos una planeación que dice que tenemos que hablar de la diversidad, si no reconozco qué pienso yo de la diversidad y, además, cómo interviene en la práctica docente eso que pienso. De nada sirve decir a mis alumnos que es importante que todas las personas sean iguales, cuando en realidad yo misma no pienso que todas son iguales”, nos dijo Anna Ivette Rodríguez, docente de la Universidad de Sonora en México.

En consonancia con esto, vale la pena resaltar el llamado de Elizabeth Castillo: “Solamente podemos enseñar a ser antirracistas si hacemos la tarea de desmontar el racismo que nos atraviesa porque fuimos educadas y educados en una institucionalidad racista. Los pueblos nos han enseñado que lo que no pasa por el corazón no se aprende”.





La educación: un acto de reivindicación

Comprendemos, pues, que el reto es enorme y que el reconocimiento y respeto de las diversidades no es una perspectiva exclusiva de la escuela. Como nos dijo Hilda Mar Rodríguez, “la educación es una práctica social amplia y la escolarización es sólo una pequeña parte de esa práctica”, por lo cual debe involucrar a todos los actores de la sociedad.


Sin embargo, si nos preguntamos qué nos corresponde específicamente a las maestras, maestros y agentes educativos para hacer de la escuela lugar de la diversidad, Helena Hernández nos da algunas pistas:Hay que partir de comprender la riqueza que implica la diversidad. Atrevernos a cuestionar la forma en que pensamos, identificar los juicios que motivan las acciones que implementamos en la vida cotidiana, que son manifestaciones de esas posturas aprendidas. Es decir, es una invitación clarísima a decolonizar el pensamiento”.


Y esa reflexión sobre nuestra forma de pensar se tendrá que ver reflejada en nuestras formas de actuar. “Es muy importante encontrar en la interseccionalidad unos lentes con los cuales ver y eso tiene grandes implicaciones en la práctica docente, en la creación de proyectos, en la generación de material didáctico que refleje la diversidad -señaló Anna Ivette Rodríguez-. La interseccionalidad nos vuelve profesoras y profesores activos, críticos, que responden a la sociedad, que ven a los niños y las niñas, que entienden la diversidad, que se llenan de pasión por conocer. Nos vuelve sujetos activos en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Si considero a las niñas y a los niños como sujetos y no como objetos, además de enseñarles a hablar tengo que enseñarles a usar la voz”.

Es decir, en palabras de Óscar Marín, que también se trata de empoderar: “Yo veo la interseccionalidad como una pinza que va levantando capas y va reconociendo las formas múltiples de una desigualdad. Además de posibilitar ver, la interseccionalidad permite actuar, no sólo desde quien está viendo, sino desde la posibilidad de empoderar a esas personas que históricamente han sido pordebajeadas, que han sido arrinconadas, y que actúen frente a esa desigualdad de la cual se hacen conscientes”.


Y para que esto sea posible es necesario, como nos dijo Helena Hernández, comprender la escuela como un organismo vivo, capaz de “aprender, cambiar, liderar el desmonte de esas representaciones sociales, de esos imaginarios que son prácticas de exclusión, pero que están transparentes a nuestros ojos y simplemente siguen” sin ser cuestionadas.


Desde esta perspectiva, la maestra Elizabeth Castillo nos dejó una propuesta muy clara para trabajar en las aulas de clase: las pedagogías del reconocimiento. “Más allá de toda discusión, si las queremos nombrar como interseccionales, interculturales, multiculturales, creo que hoy nuestro país tiene que hacer una pedagogía de la reparación. La pedagogía colombiana será reparadora o tendremos para siempre la mirada de la historia diciéndonos que fuimos incapaces de actuar a la altura de los tiempos”.


¿Y esto cómo se materializa? “La propuesta es una herramienta muy sencilla: retomar la idea de la literatura como espejo -señaló Elizabeth Castillo-. Ya está bien de la waltdeisnización de nuestras escuelas. Necesitamos a Jorge Artel, a Candelario Obeso, a Totó la Momposina, a Benkos Biohó, a las cantaoras llenando de color las instituciones escolares. Necesitamos entender que los textos escolares no son sólo los textos alfabéticos, son los objetos, los juguetes, son esos artefactos que producen identificación. Tener un tambor o tener una muñeca negra, como el poema de la maestra Mary Grueso, le está haciendo mucha falta a las escuelas de este país. Creo que ya está bien de las Barbies, ya está bien de Pinocho, podemos dejar descansar a los Hermanos Grimm, que ya hicieron su papel en la historia, y es el tiempo de volver a hacer lo que el gran escritor nigeriano [Chinua Achebe] llamaba equilibrio de historias. El racismo es un acto de desequilibrio. En el aula tenemos que producir equilibrios. Traigamos a las aulas las Fábulas de Tamalameque, de Zapata Olivella; o la Guajirita en vez de Blancanieves, La Muñeca Negra en vez de La Cenicienta”.


Estos ejemplos de la maestra Elizabeth Castillo nos deja ver que este enfoque de la interseccionalidad puede traducirse en acciones cotidianas, que pueden parecer pequeñas, pero en realidad son grandes gestos políticos para transformar una sociedad que sigue siendo excluyente y desigual. La escuela tiene el poder para transformar estas realidades.

Sabemos que muchos maestros y maestras de Colombia ya lo están haciendo, que en sus aulas incorporan materiales y prácticas que reconocen las múltiples identidades que conviven en nuestro país, y por esto es tan importante que nos encontremos para conversar e intercambiar ideas y experiencias en escenarios como Parche Maestro. Es el momento de reconocer el rol fundamental que tenemos en la construcción de una sociedad realmente plural y diversa. Como lo dijo Elizabeth Castillo, “los maestros tenemos un poder enorme: el de reconocer a quienes históricamente han estado por fuera del relato oficial”.




 





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A las memorias completas del Parche Maestro 2022, que incluyen unos textos introductorios sobre el Parche y las temáticas de la cuarta edición, material síntesis de los encuentros de Primera infancia e Interseccionalidad, además de las relatorías individuales de las conferencias y paneles.



 

Parche Maestro es una iniciativa de: Proantioquia y la Fundación Kreanta.


La Escuela de verano Parche Maestro 2022 es gracias a: Programa Juntos Aprendemos USAID | Partners of the Americas | Proantioquia | Parque Explora | Fundación Carvajal Secretaría de Educación Distrital de Cartagena | Universidad de Cartagena | Corporación Universitaria Rafael Núñez | Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia | Fundación Kreanta | Fundación Compartir | Fundación Sura | Instituto Nacional para Sordos (Insor) | Comfama | Grupo UED de la Universidad de Los Andes | Palabra Maestra | Gatoloko Films



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