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La escuela: un relato que construimos juntos

Pensar en lo que sucede dentro de las aulas e imaginar posibilidades para que los niños, niñas y jóvenes encuentren en ellas un lugar para crear, es también una forma de trabajar para evitar el abandono escolar. ¿Cómo podemos hacerlo? ¿Cómo involucramos a los estudiantes en las formas de enseñar y de aprender? En Parche Maestro conversamos sobre este tema y aquí publicamos algunas de las ideas de nuestros invitados.



Foto Sergio González | Proantioquia


“La escuela es un gran relato”, nos dice la profesora Paula Martínez, de la Institución Educativa Sol de Oriente, de Medellín. Si compartimos con ella esta premisa, es posible comprender la escuela como un lugar que está vivo, que es flexible, que todos los días puede transformarse, porque en ella habitan las palabras, los silencios, los gestos, las miradas, los encuentros y desencuentros de estudiantes, docentes y directivos que construyen juntos ese mundo que transitan en compañía.


En este sentido, Dora Niedzwiecki, docente e investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), de Argentina, nos llama la atención sobre algo fundamental: el uso que damos a las palabras, las formas de nombrar que tenemos en la escuela. “Si las palabras crean mundo, aceptemos como premisa que los modos de decir constituyen realidad. Son gestualidades que abren o cierran mundos -nos dice-. ¿Nombramos en un gesto de colocar al otro del lado del déficit o de su potencia? ¿Responsabilizamos al pobre de su pobreza, al violento de su violencia, al estudiante de su fracaso? Estas son preguntas necesarias que nos tenemos que hacer siempre. Cuando nombramos, definimos de qué lado del río nos paramos”.


Y nos hace una invitación: “¿Por qué no pensar que cada escuela puede convertirse en un lugar de ensayo y de invención, en cierto laboratorio de prácticas? Para ello es necesario parar las rotativas y pensar cómo armamos conversación. Suspender juicios, suspender formas de nombrar, abolir el retórico ‘siempre se hizo así’ como forma de naturalizar nuestras prácticas. Ensayar mirar con otros ojos, entrenarnos en la posibilidad de nombrar afirmativamente lo que la vida nos ofrece”.


La escuela como laboratorio de creación

Para comenzar, un paso indispensable en cualquier conversación: la escucha. Paula Martínez y Martin Rebour, de Plan Ceibal, Uruguay, coinciden en esta idea. “Escuchemos las palabras de los estudiantes y aprendamos a partir de ahí a crear medios, lenguajes y mediaciones para ellos”, nos dice Paula. Y Martín, por su parte, nos invita a “involucrar a los estudiantes en qué necesitan y qué les gustaría, en una suerte de codiseño. No quiere decir que les vayamos a dar a ellos toda la responsabilidad del diseño de las clases, pero me parece importante escuchar por dónde va el interés de ellos y cómo les gustaría tener la vivencia de la educación”.


“No podemos educar a nuestros estudiantes en una democracia si no tenemos una práctica democrática en las aulas. Hay que ceder el poder”, complementa Jesús Morate, integrante del equipo de educación del Museo Lázaro Galdiano, de España.

Al escuchar a los estudiantes, seguramente nos encontremos con dos grandes llamados de su parte: permitirles crear a partir de sus propios lenguajes y vincular el uso de las tecnologías en su proceso de aprendizaje. Aunque parezca sencillo, son dos elementos que todavía hoy pueden ser disruptivos en el esquema de la educación tradicional.


Cuando hablamos de crear, nos acercamos a la creación artística. ¿Qué pasa cuando la llevamos a las aulas de clase? “Por un lado, el arte puede despertar y desarrollar nuestra mirada crítica y visual, -nos explica Jesús Morate-. La formación artística tiene el potencial de desarrollar nuestro pensamiento crítico frente a esas imágenes que nos bombardean todo el tiempo y nos dicen constantemente qué comprar, cómo ser, qué cuerpos desear, etcétera. Por otro lado, el arte trabaja con formas, imágenes, texturas, sonidos, trabaja con otros lenguajes que van más allá de lo verbal. Esto es muy importante porque los individuos usamos otros lenguajes como el corporal, el lenguaje implícito, las imágenes, el sonido, la arquitectura, los espacios, las emociones, las sensaciones, el arte trabaja todo esto de manera intrínseca”.


Y, además de esto, cuando a los niños, niñas y jóvenes se les permite crear, se les abre la posibilidad de expresarse, de hablar de todo aquello que constituye su mundo, que necesitan tramitar y que, posiblemente, no pondrán en palabras. Joan González, director del Festival de Cine Documental Doc’s Barcelona, nos da un ejemplo relacionado con su campo: “El 99.9% de las veces hay una conexión íntima entre el autor o autora, sea un profesional o un estudiante, y el tema que quiere llevar adelante en un documental. Por tanto, es fácil pensar que, si tenemos estudiantes que quieren contar una historia, será una historia que tiene que ver con su mundo. ¿Y por qué tiene tanta potencia? Básicamente porque tiene un efecto espejo. Quién es el protagonista de esa historia, es un ser humano que podría ser yo.”. Si nos remitimos a las palabras de Dora Niedzwiecki, cuando los estudiantes se expresan a través del arte, crean mundo.


¿Y qué sucede con la tecnología? ¿Aliada o rival? Al preguntarle a Joan Santacana, profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, por el uso del celular en la escuela, nos invita a analizar este tema a profundidad: “No sé cómo será en el futuro una niña que hoy tiene 10 años. Pero, haga lo que haga, su vida va a dar vueltas en torno a algo muy parecido a un celular. Tengo dos opciones: intentar prohibirlo, y en ello está buena parte del sector educativo, algo que no voy a conseguir, o intentar educarlos para que con esa herramienta hagan un uso educativo, productivo. Cuando yo era niño jugaba con soldaditos de plomo y las niñas jugaban con muñecas porque las niñas tenían que ser mamás y los adultos teníamos que ser soldados. Hoy el mundo de los adultos gira en torno al celular y los niños imitan lo que hacen los adultos. Lo que recibo en el celular está programado por algoritmos que se han preparado para mí. ¿Por qué no enseñamos a nuestros alumnos cómo se filtra esa información y cómo eludir los filtros? Esta es la tarea del futuro”.


Al respecto, María Cristina Ruiz, Jefe de Educación de Maloka, en Colombia, agrega: “Joan dijo algo fundamental: hace unos años nos era fácil imaginarnos cómo íbamos a ser cuando fuéramos grandes. Hoy ni siquiera sabemos cuáles van a ser las profesiones del futuro. El mundo digital está planteando cambios a gran velocidad. Tenemos que ver cómo aprovechamos las herramientas digitales porque son lo que tenemos. Cómo usarlas para que los jóvenes se preparen para un mundo que está en construcción y un mundo que va a estar totalmente permeado por lo digital.”.


Los retos que nos plantea involucrar nuevas herramientas en el proceso de enseñanza-aprendizaje pueden ser grandes. Pero, en el fondo, con o sin tecnología, podríamos decir que el gran imperativo que tenemos los docentes está en la forma como nos relacionamos con los estudiantes: cómo usamos las palabras y qué tanto los escuchamos.

Porque, en palabras del uruguayo Martin Rebour, “la tecnología no genera nada en sí misma. Podemos poner a disposición de los docentes una serie de tecnologías, las de punta, las de última generación, pero para que suceda algo con ellas, tenemos que tener algún nivel de apropiación”. Es decir que la tecnología adquiere sentido según la forma como se inserta en las comunidades, de acuerdo con sus características y sus necesidades.


Entonces, lo primero que nos debería ocupar como docentes tendrían que ser los lenguajes. Si los mensajes están claros y nuestras formas de nombrar son las adecuadas, ya hay un buen camino andado. Luego vendrá el dominio de las herramientas pues, si bien no son un fin en sí mismas, sí nos ofrecen posibilidades para hacer de la escuela un lugar cercano y acogedor.

“Esa es la clave para evitar la deserción escolar -nos dice Jesús Morate-. Que una clase se convierta en una experiencia como ir al cine. No saber qué va a suceder, la sorpresa, la experiencia. Lo mismo se puede aplicar a los videojuegos, al teatro, a ir a una fiesta. Todos estos son elementos que yo creo que hay que involucrar en la educación. Ir a clase no va a ser una fiesta todos los días, evidentemente, pero tiene que ser motivador, tiene que ser divertido y tiene que ser, sobre todo, sorprendente”.




Parche Maestro 2021 | Memorias



Accede a los diferentes materiales que forman las memorias del Parche Maestro 2021: videos de las actividades de la agenda abierta, relatorías gráficas, frases y artículos síntesis que recogen las principales ideas expuestas por los invitados nacionales e internacionales en las charlas, paneles y conversaciones del Parche 2021.




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Texto: María Andrea Kronfly | Equipo de Comunicaciones de Parche Maestro